arquitectos

Ayer estuve en una fiesta de arquitectos y arquitectas, a porpósito de un homenaje que le hacía a no sé quién  ( no me enteré, lo siento, acabamos allí de casualidad) el Colegio de Arquitectos.

Y allí  

- Había muchos más arquitectos que arquitectas

18 comments Mayo 9th, 2008

cuestiones privadas

¿Por qué hacen huelga los profos de la publica?
Viene explicado en este video
http://es.youtube.com/watch?v=pW1n_wm3j_k
Los convocantes de la huelga sostienen que su objetivo es mejorar las condiciones de trabajo del profesorado madrileño, así como frenar las “privatizaciones” y el “abandono” de la enseñanza pública que lleva a cabo Esperanza Aguirre.

55 comments Mayo 7th, 2008

MADAME FIGARO

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Los habitantes de Lesbos no quieren que se les tome por homosexuales  

Piden a un juez que ponga fin al uso del término lesbiana para referirse a las mujeres que se sienten atraídas por otras

26 comments Mayo 7th, 2008

lo normal en la noche

  

   

El otro día leo, a propósito de un tipo que degolló a su madre y se paseó por el barrio cabeza en mano, el comentario uno de sus compeñeros de juerga ” No se drogaba mucho, eso sí, bebía y se fumaba sus porritos… lo normal en la noche”. Luego leo en otro diario que un 22% de los conductores a los que se les hizo un test de drogas dieron positivo en cannabis, y que el hachís ha adelantado al alcohol como causa de siniestros automovilísticos.  Lo normal en la noche. ¿ A ver, dirá algún lector, esta señora que ha escrito novelas de sexo y drogas qué me va a contar a mí? Pues precisamente porque he escrito lo que he escrito y he vivido lo que he vivido, sé de lo que hablo, y sé que el concepto de “normalidad” es muy relativo. Claro que teniendo en cuenta que somos el país con mayor conusmo de cocaína del mundo, el nuestro tiene que ser, por fuerza, de lo más particular. Una cosa es que “lo normal” sea meterse unas copas y unos porros cada viernes y sábado, y otra cosa es no admitir que el consumo habitual de drogas legales o ilegales es más peligroso que un sonajero relleno de dinamita, como lo es asociar el ocio al consumo de sustancias estupefacientes, sean las que sean. Por supuesto que yo he fumado y bebido como la que más, pero vivía en una depresión de la que entraba y salía como por puertas giratorias y en el fondo era muy consciente de que lo mío, más que diversión, era autodestrucción. Si ya lo decía (casi) Cervantes: Necio llamaré del todo, que no curioso, al que me mete lo que no le compete ni toca por algún modo.
            

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Escribí este artículo hace una semana, fue publicado en el ADN
           

 

47 comments Mayo 6th, 2008

o sí , a veces

 Muy de cuando en cuando vas a la peluquería, y hojeas revistas del corazón. Y ves esos reportajes que hablan de mujeres a las que todo les va bien. Tienen una casa increíble, un marido maravilloso ( casi siempre empresario), un bebé ” que ha llenado de felicidad su corazón”, un cuerpo increíble gracias al gimnasio, a las dietas y a la cirugía… Una vida envidiable, en el auténtico sentido de la palabra envidiable, porque te da envidia, cuando te ves al espejo y ves que tú no tienes nada de eso. Pero resulta  que entras y sales de las depresiones como si lo hicieras por puertas giratorias, que los amigos que tenías quizá no eran tan amigos, o quizá se fueron a vivir al campo, o quizá viven en otra ciudad, que en cualquier caso construyeron otras vidas en las que ya no pueden quedar a tomar cañas contigo. Que te equivocaste al elegir amantes y que te colgaste por más de uno que no sabía ver más allá de su propio ombligo, mucho menos a la persona que tenía al lado, con todas sus debilidades y sus miedos. Que te cansaste de poner al mal tiempo buena cara. Que de vez en cuando querrías salir en el colorín y decirlo claramente: Yo no soy perfecta, no consigo todo lo que quiero, no estoy a gusto con mi vida, no me entiendo a mí misma y de paso no entiendo a los demás. Y te recuerdas que, por supuesto, la vida no es blanca o negra y que hay infinitos matices de gris. Que hay muchas cosas bonitas a tu alrededor pero que casualmente hoy no estás en disposición de verlas. Y te gustaría quemar en una hoguera todas esas revistas, porque estás harta de cuentos de hadas a los que no ves ningún sentido. Probablemente esta misma mañana un montón de mujeres se sienten como tú, o peor que tú. Eso no te supone ningún consuelo porque mal de muchas consuelo de tontas. Y tú no eres tonta. O sí, a veces

31 comments Mayo 5th, 2008

animales heridos, 2

Al cantante de boleros le había conocido, por supuesto, en una zona VIPS. Jorge solía reírse mucho de las zonas VIPS, e Ira entendía que tenía razón, pero al menos en las zonas VIPS la gente no se empeñaba en hacerse fotos con ella, o en iniciar una conversación sin haber sido presentados. Al cantante de boleros se lo presentó el director de una revista. El cantante de boleros era fotógrafo, y sonreía mucho al hablar. Fue esa sonrisa la razón por la que accedió la invitación a cenar. Quizá la sonrisa no fuese más que una excusa, probablemente accedió a cenar con él por la misma razón por la que el amigo de Jorge se acostaba con sus amigas. Reafirmación pura y dura.
 A Jorge tampoco supo verlo, o no pudo. Cuando le conoció el miedo la paralizaba, y la envolvía como una bruma densa, impidiéndola ver más allá de sus narices. Temía que se repitiera su anterior historia, de forma que cada movimiento de Jorge lo interpretaba ella como la prueba de que sus peores sospechas se iban a cumplir. Si él fumaba o bebía, era un drogadicto; si se enfadaba, era un agresivo; si no ponía una coma en su sitio, un inculto. En realidad, en muchos sentidos era más culto que ella ( tenía más cultura musical que ella, por ejemplo) , pero eso ella era incapaz de verlo, porque había erigido una barrera sin fisuras que nadie podía atravesar, una barrera que protegía a sus miedos y a sus prejuicios y que la aislaba del mundo.  Desgraciadamente, la barrera mantuvo en su sitio a los prejuicios, pero no a los sentimientos. Intentó arrancar el amor de raíz para no criar frutos de dolor, pero no pudo: ella no pudo evitar enamorarse, pero no fue capaz de transmitir confianza, porque no la tenía. Lo decían los libros y las canciones: No te acerques a un animal herido. Muerde. Y ella mordía muchas veces. Sin darse cuenta, lo menospreciaba a menudo, o lo ignoraba. Para colmo estaba cada vez más tensa y asustada, y estallaba en sollozos y lágrimas a la mínima de cambio, lágrimas por lo que había perdido y por lo que tenía miedo de volver a perder, y con esas lágrimas solo consiguió perderlo del todo, porque le asustó. Si ella hubiera podido amar libremente, sin miedos oxidados ni prejuicios de herrumbre, hubiera visto a Jorge como Jorge, en la exacta medida en que ella era ella. Pero no supo o no pudo, y se había condenado a sí misma a acabar escuchando boleros en un vagón de metro.  Entonces cayó en la cuenta de que habían llegado a la parada. “Juan, tenemos que bajarnos”. El la cogió de la mano y la sacó del vagón, tan airoso y seguro como quien sale de una recepción de gala, con la barbilla apuntando al techo. En la escalera que les llevaba a la superficie repiqueteaban los tacones  en el vacío de la estación, estaban solos, lo normal a esas horas. Pero había un tercero que se interponía y que ella llevaba siempre consigo, y ese tercero no cantaba boleros. En todo caso podría haberlos inspirado.
 

19 comments Mayo 3rd, 2008

animales heridos, 1

Animales heridos, 1
  Un hombre bien vestido, vaqueros de marca y chaqueta de hilo, está sentado en el vagón junto a una mujer morena que va elegantemente ataviada de negro de la cabeza a los pies. El le susurra cosas al oído y ella se ríe. La pareja, elegantes los dos como claveles,  desentona un poco entre los ocupantes del vagón. Una pátina invisible les diferencia, les marca como individuos que no deberían viajar en metro, y menos a esas horas, y menos con esos atuendos, porque se les supone, en virtud del porte y la buena figura, ciertos logros sociales y económicos, una soltura en la conversación, una habilidad para citar frases aprendidas de los libros. Ni la edad, ni el aspecto, ni la actitud se parecen a las de los otros viajeros.  De pronto él se pone a cantar.  Más si das a mi vivir la dicha de tu amor fingido miénteme una eternidad que me hace tu maldad feliz. Ella se ríe, al principio, como si la cosa fuera muy graciosa. El continúa Miénteme más  que me hace tu maldad feliz. Los demás viajeros abaten sobre el cantante sus miradas de soslayo. No, ese señor de tan buena planta no va a ponerse ahora a pedir monedas por el vagón ¿no? La mujer que le acompaña ha cambiado de actitud, ya no se ríe. “ Anda Juan, para, que van a pensar que estás loco”, le apremia en voz queda, pero firme. Un joven sudamericano, que lleva unos vaqueros viejos y unas zapatillas desgastadas se queda mirando al cantante de hito en hito. El cantante se ríe y le dice “ Es que me gusta mucho esta mujer, qué quieres que te diga” Y ella piensa “ ¿ Qué hago aquí? ¿ Cómo he acabado sentada junto a un señor que canta boleros en el metro?” Qué hago yo aquí. Se lleva haciendo la misma pregunta, en diferentes citas, en diferentes aquís, desde hace un mes.
 
Fue ella la que propuso volver en metro y no en taxi, probablemente para epatarlo, para distanciarse un poco de la imagen que había dado durante toda la cena, para quitarse de encima el aura de mujer elegante y burguesa. Aquella noche  se había maquillado con esmero y se había encaramado sobre unos tacones, rituales de cortejo que casi nunca seguía. Se sentía otra con su chaqueta de marca y sus medias de rejilla. Esa Otra nunca habría cogido el metro, y por eso precisamente ella propuso cogerlo. El aceptó la idea como quien emprende unas vacaciones exóticas, y allí estaban, en aquel vagón, los dos con sus chaquetas de hilo y sus zapatos caros, los dos ligeramente borrachos, los dos fuera de lugar. Fue entonces cuando a él le dio por ponerse a cantar.
 Dicen que los humanos se sienten atraídos hacia otro humanos a partir de dos impulsos: edípicos y narcisistas. Las edípicas suelen ser mujeres y se enamoran de hombres que les recuerdan a su padre. Hombres más mayores a quienes pueden admirar. De ahí la estudiante que se enamora de su profesor o la actriz que se enamora de su director, en ambos casos con una diferencia de veinte años. Los narcisistas se enamoran de quienes tienen lo que ellos desean, o sienten que les falta, y suelen ser hombres. El profesor y el director en realidad no se han enamorado de la alumna o de la actriz porque les fascine su inteligencia, aunque esto se lo que le hagan creer a ella, sino porque con ella consiguen la juventud y la belleza que creen que han perdido.
Ella sin embargo, se enamoraba de sus amigos. No buscaba a alguien más inteligente ni vivido que ella, ni más joven y bello. Buscaba a alguien con quien pudiera hacer cosas. Coger el coche e ir a ver paisajes, ir al teatro, ir a conciertos, leer juntos en la cama. Alguien con aficiones parecidas a las suyas, alguien con quien compartir. Pero desgraciadamente él ya tenía sus amigos, su gente para ir al monte, a conciertos, al cine. Y es más que probable que no quisiera otra amiga. Uno de los mejores amigos de Jorge, por ejemplo, salía con una chica muy joven y muy guapa pero que no compartía sus intereses. A Jorge aquello le sorprendía, a ella no. Cuando ell perdió a Jorge perdió un amigo, quizá su mejor amigo. Probablemente Jorge no sentía que había perdido nada, pero si lo sintiera solo sentiría que había perdido el tiempo.
 
Jorge le hablaba a menudo de las andanzas de otro amigo que se acostaba cada fin de semana con una mujer distinta, o a veces dos. Aquel amigo nunca mentía a sus compañeras de cama. Les dejaba claro que acababa de salir de una relación larga y complicada y que no quería más líos, y ellas lo aceptaban así. Ella entendía muy bien lo que aquel hombre estaba buscando: reafirmación. Quería saber que aún era deseable, amable. Quería sentirlo una y otra vez, el mismo chute de autoestima repetido en cuerpos diferentes. No es que no le bastara con una sola mujer, le valía con una, pero era precisamente aquella a la que había dejado. Ira no se acostaba con hombres distintos, pero coqueteaba con ellos por idéntica razón. Se dejaba invitar a cenar, o al cine, o se tomaba una caña con ellos disfrutando de sus miradas de cordero degollado, bañándose en ellas como aquella condesa que se bañaba en sangre de doncellas porque creía que así conservaría siempre su belleza. Eso sí, nunca se acostaba con ellos, por muchas razones. Porque sabía que en el mundo existe un doble rasero, que el amigo de Jorge era un hombre admirado y envidiado por sus amigos, Jorge entre ellos, pero que si ella hiciera lo mismo no sería más que una puta para muchos, Jorge entre ellos. Porque sabía también que una de las cualidades que enganchaba a quienes la admiraban era su presunta, su falsa, condición de mujer ideal ( atractiva, culta, independiente) y que si quería mantener la fantasía debía de permanecer inaccesible, ya que ellos no se embobaban con ella, sino con lo que ella representaba, con todas las películas que habían proyectado sobre su cuerpo como si fuera una pantalla. A ella, a la de verdad, no la veían, no podían verla. Si la hubiesen visto se habrían acostado con ella la primera noche, tal y como hizo Jorge, porque sabrían que a ella no hacía falta invitarla a nada para conquistarla. Una última razón para no acostarse con ninguno de ellos era tan ridícula e infantil como la admiración que ellos sentían por ella. Ella pensaba que si algún día volviera con Jorge no querría que él tocase la piel que habían tocado otros, que avanzase por surcos que otros habían arado.

32 comments Mayo 1st, 2008

un momento de lo falso

A Mario le gustó que su padre se volviera a casar.  Y le encanto que se casara con una mujer más joven y más guapa que su madre. No es que le cayera muy bien su padre, pero Leonardo le caía muchísimo peor. ” Un trauma edipico” - decía Romano-  ”te jode que otro te haya robado a tu madre, aunque a tu padre, qué remedio, se lo tenías que aguantar y perdonar”. “Vete a tomar por culo “- respondía Mario- “pedante, que a veces te pones más pedante que el propio Leonardo, que ya es decir. No aguanto a Leonardo porque no hay quien le aguante, porque es un prepotente, un chaquetero, un lameculos y un pesado, y no sé qué coño pudo ver  mi madre en él”. “Pues vio al señor que le iba a conseguir el respaldo crítico y el apoyo de la bienpensancia “- se reía Romano- “es como si mañana me lío yo, no sé, con la redactora jefe del Rolling Stone, el Rolling Stone yanki, quiero decir, y luego puedo ir por la vida fardando de la super crítica que han hecho de mi concierto en Nueva York que, por cierto, también me ha organizado mi novia”. Lo peor es que Mario se temía que en el fondo Romano tuviese razón. Y por eso se alegró doblemente cuando su padre anunció que se casaba. Que se casaba con una niña que hubiese podido ser su hija, que apenas tenía seis años más que Mario, y que estaba buenísima, porque Mario siempre fue consciente, bien consciente, de que Lola era un pibón de escándalo,  aunque él no se la hubiera tirado ni borracho, con esas mechas rubias y ese aire de pija.
Sus padres se habían separado cuando él tenía diez años, y casi al mismo tiempo, fue una cuestión de meses, Leonardo se había instalado en la que había sido la casa de sus padres, y que pasó a ser la casa de su madre. A Mario no le hizo puñetera la gracia, y es posible que Romano tuviera razón y que no le hubiera hecho gracia ningún hombre, ninguno, que se hubiera liado con su madre, pero también era cierto que era fácil cogerle tirria a Leonardo, con todo su hueco discurso de divine gauche. Leonardo se autoproclamana defensor de la Republica, del laicismo, y del Estado del Bienestar, pero  exigía viajar en clase business y que llevaba siempre zapatos de Hugo Boss, y  le parecía a Mario la incoherencia con patas. Por no hablar del pelma y pelagatos de Benito Monjardín, su amigo del alma, aquel poetastro de tercera que iba de rojo y concienciado, de defensor de la Memoria Histórica, de abanderado de causas perdidas, de buceador en las aguas negras del franquismo, de desactivador de las verdades minadas con las que los fascistas sembraron el territorio conquistado, y que vivía en realidad del dinero de su mujer que no era sino dinero nazi. De eso se enteró por casualidad Mario mientras investigaba para su tesis de fin de doctorado, que iba a tratar sobre la Kameradenwerk y su función en la reinserción de refugiados nazis en la España franquista. Y aquí que se encontró con el apellido de Angela, Lazar, y preguntó, de la forma más inocente a Benjamín, en una de tantas “comidas literarias” de las que se daban en los salones de Marié, si el padre de Angela no se llamaría, por casualidad, Otto “Pues no sé” - le dijo Benjamín, ignorante de la verdadera razón por la que Mario le preguntaba algo así, o fingidor de tal ignorancia para evitar polémicas - ” la verdad es que cuando yo conocí a Angela el padre ya había muerto hace mucho, la madre de Angela era casi treinta años menor que él” ” Su segunda esposa ¿no?” ” Efectivamente” ” Pues entérate del nombre del padre, por favor, me vendría bien saberlo”

96 comments Abril 30th, 2008

“Soy muy conocida y popular…

 

 GALLEGOS Y GALLEGAS QUE ENTRAIS EN ESTA BLOG, OS RUEGO ENCARECIDAMENTE QUE ME COMENTEIS ESTA JOYA DEL PERIODISMO

http://www.laopinioncoruna.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008030600_6_171706__Espana-conocido-popular-necesito-hacer-gran-esfuerzo

Podéis comentar en gallego si os place. Los de otras comunidades/nacionalidades podéis comentar también.

88 comments Abril 29th, 2008

Sevilla

Lucia

 Lucia

Lucia

estas fotos son los descartes de una sesión en francia. estaba tan cansada que en un momento dado, mientras el señor cambiaba de obejtivo o de cámara o de algo, me tiré en el sofá y me puse a dormir. el fotógrafo decidió fotografiarme entonces, y resulta que estas imágenes son las mejores de toda la sesión, las únicas en las que no se me ve cara de cansada y/o amargada 

95 comments Abril 28th, 2008

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